
Tengo que confesar que hay una frase que me pone auténticamente de los nervios. No resisto eso de escuchar que los “políticos son todos iguales”, porque creo sinceramente que es algo injusto y carente de razón. En los políticos hay como en cualquier otra actividad humana, de todo, y eso de la generalización me causa auténtico estupor, porque convendrán conmigo que si entendemos como normal que en los albañiles, los maestros, los médicos, los jardineros, los abogados, los marineros, etc, etc, etc, hay buenos y malos, eficaces e ineficaces, honestos y deshonestos, etc, etc, etc, ¿ por qué no los va haber en los políticos?.
Las simplificaciones en este sentido no son buenas, sencillamente porque el ser humano es complejo en su personalidad y en el desarrollo de una actividad que realiza a lo largo de su vida o en una parcela de tiempo de ella. Igual de claro que tengo esto, también sé y, seguro que estarán de acuerdo conmigo, que no hay ninguna persona desagradable, miserable o vaga, por nombrar algunos rasgos, que en su actividad se transforme en agradable, generosa o trabajadora. Por ello, y debido a las canas que ya me cuestan peinar, sé que el saborío, el falso o el acusador en su vida personal o afectiva es un saborío, un falso o un acusador en su vida profesional o política. A mí cuando alguien me dice que él diferencia perfectamente su “yo” personal de su “yo” político, me pone directamente en guardia.
Por lo general suele ser una ridícula argucia para justificar su mala sangre política y desgraciadamente de éstos me he encontrado a más de uno últimamente.Llevo 26 años metido de una manera o de otra en esta tan criticada actividad y he conocido de todo, porque de todo hay.
He conocido a traidores y a políticos extraordinariamente leales en los momentos buenos y malos; sé de ociosos y de tremendos trabajadores; de embusteros, trileros y engañabobos y, por el contrario, conozco a políticos que hacen de la verdad su único argumento; los hay con tintes caciquiles o dictatoriales, y quienes son concienzudamente democráticos; están los crispadores y los dialogantes; los figurines y los auténticos; los derrochadores y los austeros; existe el profundamente superficial y quien tiene arraigadas convicciones; los hay resentidos y otros con un gran sentido de la avenencia; sé de eficaces y de inoperantes; de cobardes y valientes; los hay cultos y groseros; engreídos y humildes; quienes tienen mil caras y quienes tienen tan sólo un rostro; los hay…, los hay de todo, como en botica, como en cualquier actividad humana o profesional.
Con esto no trato de dibujar, por supuesto, a nadie en concreto, seria imposible y además dejaría en pañales a Frankestein, aunque he conocido y conozco a algunos que afortunadamente para todos nosotros, como siempre ocurre en el ser humano, son irrepetibles y …se partió el molde cuando nacieron para la vida política. Todos, y yo el primero, tenemos piezas de ese puzzle que nos hace diferentes a cada uno y por el que a cada uno de nosotros nos han de juzgar los ciudadanos.
Pero por favor, ni para lo bueno ni para lo malo, acusen con la generalización, porque además de no ser verdad, es una tremenda canallada. Cada uno es como es y a cada uno lo ha de poner en su sitio la pequeña historia política de cada pueblo con el remanso que crea el tiempo, aunque en la actualidad exista una legión de disciplinados voceadores que quieran manchar la imagen particular y colectiva de los políticos que, por ejemplo, gobernaron algún día la ciudad en la que vivimos.
Artículo de opinión remitido por el PA y que por su interés hemos reproducido.