OPINIÓN || Hay una frase que los viajeros de los trenes que llegan o parten de Huelva conocen demasiado bien: "Rogamos disculpen las molestias". Suena por los altavoces con una naturalidad insultante, como si los retrasos, las averías o las incidencias fueran parte del billete.
Hoy ha vuelto a ocurrir. Pasajeros tirados a su suerte durante horas, nula información y la amarga sensación de que es lo de siempre.
Pero lo más preocupante no es solo llegar tarde. Es la resignación que se está instalando entre miles de usuarios que utilizan el tren para trabajar, estudiar o acudir a una cita médica.
Y es que, cuando una infraestructura falla de manera reiterada deja de ser una molestia para convertirse en un problema de igualdad. Porque mientras en otros territorios se habla de alta velocidad y de nuevas conexiones, en Huelva seguimos celebrando como una victoria que un tren complete su recorrido sin incidentes.