Lamentablemente, un servidor empieza a preguntarse qué demonios está pasando en la provincia Huelva con los incendios. Porque una cosa es que el verano venga acompañado de calor, viento y riesgo extremo y otra muy distinta es tener la sensación de que el fuego se está convirtiendo en algo demasiado habitual.
El último episodio, el de Niebla, ya no es para mirar de reojo: es un incendio de enorme gravedad con más de 8.000 hectáreas ya afectadas, con cientos de desalojados, carreteras cortadas y un despliegue extraordinario de medios para intentar contener unas llamas que, alimentadas por el viento, han demostrado una vez más que no entienden de fronteras ni de términos municipales.




