OPINIÓN || Pedro Sánchez ha pulsado el botón. El 29 de noviembre los españoles volverán a las urnas. Después de ocho años en La Moncloa, quizá ha llegado el momento de preguntarse no solo por qué adelanta las elecciones, sino qué pretende conseguir con ellas.
Porque el balance de estos ocho años no es precisamente menor. Sánchez llegó al poder en 2018 levantando la bandera contra la corrupción y prometiendo regeneración. Ocho años después, su Gobierno y su partido llegan a las urnas rodeados de causas judiciales, condenas y escándalos que han afectado a algunos de sus colaboradores más próximos. Ábalos y Santos Cerdán han terminado ante los tribunales; los escándalos de su hermano y su esposa, y el fiscal general del Estado que él nombró, Álvaro García Ortiz, fue condenado por el Tribunal Supremo por un delito de revelación de secretos y se marchó con el rabo entre las patas.




