Nunca oculté mi admiración por Pilar González, hasta ahora secretaria general del PA. Está capacitada para la oratoria, es sencilla y directa y transmite credibilidad. Ella vende, pero no su marca. Y este ha sido su problema. Ahora está de actualidad, como aquí venimos contando. Por su renuncia a seguir en el cargo más allá del próximo congreso y la dimisión que ha materializado estos días con una carta.
Además, la Comisión de Garantías investiga si intenta o no crear otro partido. Pero lo que me ha hecho actualizar este blog a la una de la madrugada es la carta que nos deja a sus amigos de Facebook y que, al ser abierta, os traslado:
“El 30.03.90 asaltaron mi casa para robar. No olvidaré nunca la desolación al ver los cajones volcados, la ropa tirada, los armarios abiertos...Estaba embarazada de casi 9 meses, era primeriza y tenía preparado un bolso con el equipaje que dicen los libros que hay que llevar al hospital cuando vas a parir. Todo estaba manoseado, pisoteado... Habían violentado lo más íntimo, habían mancillado mis cosas. Después de la desolación no sentí pena ni miedo. Sentí rabia.
Ahora me ha ocurrido algo parecido. Han violentado mi ordenador, mi correo, mi fb. Han invadido y mancillado la privacidad de un grupo de amigos que hablan de política. Han vulnerado nuestro derecho al secreto de las comunicaciones entre las que se incluyen cuestiones personales, económicas, familiares, profesionales.....
Tienen en sus sucias manos la información sobre nuestra vida. La manipulan. Es como arrancar una confesión bajo tortura. Es repugnante. Es un delito. Define a quien lo comete, a quien lo aplaude, a quien lo distribuye y a quien lo comparte y, encima, le pide explicación a la víctima. Es banalizar el mal. Y yo me niego, me rebelo. No siento miedo, sino rabia. Sé que lo resolverá la policía, y les ayudaré. Quiero confiar en la justicia. Sé que lo van a pagar. Malditos sean”.
Además, la Comisión de Garantías investiga si intenta o no crear otro partido. Pero lo que me ha hecho actualizar este blog a la una de la madrugada es la carta que nos deja a sus amigos de Facebook y que, al ser abierta, os traslado:
“El 30.03.90 asaltaron mi casa para robar. No olvidaré nunca la desolación al ver los cajones volcados, la ropa tirada, los armarios abiertos...Estaba embarazada de casi 9 meses, era primeriza y tenía preparado un bolso con el equipaje que dicen los libros que hay que llevar al hospital cuando vas a parir. Todo estaba manoseado, pisoteado... Habían violentado lo más íntimo, habían mancillado mis cosas. Después de la desolación no sentí pena ni miedo. Sentí rabia.
Ahora me ha ocurrido algo parecido. Han violentado mi ordenador, mi correo, mi fb. Han invadido y mancillado la privacidad de un grupo de amigos que hablan de política. Han vulnerado nuestro derecho al secreto de las comunicaciones entre las que se incluyen cuestiones personales, económicas, familiares, profesionales.....
Tienen en sus sucias manos la información sobre nuestra vida. La manipulan. Es como arrancar una confesión bajo tortura. Es repugnante. Es un delito. Define a quien lo comete, a quien lo aplaude, a quien lo distribuye y a quien lo comparte y, encima, le pide explicación a la víctima. Es banalizar el mal. Y yo me niego, me rebelo. No siento miedo, sino rabia. Sé que lo resolverá la policía, y les ayudaré. Quiero confiar en la justicia. Sé que lo van a pagar. Malditos sean”.
