sábado, 15 de agosto de 2026

¿Incendios de primera y de segunda?


OPINIÓN || Hay incendios e incendios. Están los que ocurren a escasos kilómetros de los platós de televisión en Madrid y que merecen despliegues en directo y todo el tiempo que haga falta para su cobertura y luego, claro, están los incendios de Huelva. Esa provincia en el culo de mundo que, para la agenda informativa nacional generalmente cuenta poco.

Hay una sensación que estos días se repite bastante por Huelva: cuando arde Madrid, parece que arde España entera; cuando arde Huelva, parece que arde solamente Huelva.

Y conviene aclararlo desde el principio: nadie pretende restarle un solo minuto de atención a los incendios que afectan a Madrid, Castilla y León, Aragón, Castellón o cualquier otro punto del país. Detrás de cada columna de humo hay personas, familias, pueblos, animales, montes y vidas que merecen exactamente la misma preocupación. El fuego no entiende de comunidades autónomas ni de mapas electorales.

Pero tampoco resulta extraño que muchos onubenses se pregunten estos días si existe una especie de primera y segunda división informativa. Niebla lleva más de una semana protagonizando uno de los grandes incendios del verano, con miles de hectáreas afectadas, desalojos y un paisaje convertido en ceniza. El fuego incluso ha terminado entrando en la provincia de Sevilla. Y sí, los medios nacionales han contado lo ocurrido. Pero otra cosa es la intensidad, la continuidad y el espacio que recibe una noticia cuando ocurre a pocos kilómetros de Madrid.

Quizá el problema no esté en que Madrid tenga demasiada cobertura, sino en que el resto tengamos demasiado poca. Es una diferencia importante. Porque mientras aquí conocemos perfectamente el nombre de nuestros pueblos, las carreteras cortadas, los desalojos y cada movimiento del Infoca, fuera de Andalucía muchas veces Huelva aparece convertida simplemente en una palabra dentro del mapa meteorológico de los incendios. Y eso duele especialmente cuando el territorio afectado es enorme y detrás hay vecinos que llevan días mirando al cielo con angustia.

Tal vez sea necesario recordar que España no termina en la M-30. También existe cuando arde Niebla, cuando se desaloja Berrocal, cuando las llamas avanzan por nuestros campos o cuando nuestros bomberos y efectivos de emergencia se dejan el pellejo durante días. Los incendios de Madrid merecen atención. Los de Huelva, también. No necesitamos que nadie nos haga un favor; solamente que el criterio periodístico sea capaz de medir la gravedad sin mirar demasiado la dirección postal.

Porque al final, para quien ve cómo el fuego se acerca a su casa, hay algo bastante irrelevante: si el incendio está a 50 kilómetros de la Puerta del Sol o a 50 de la Plaza de las Monjas. El miedo, por suerte o por desgracia, tampoco entiende de centralismo.

La ceniza onubense huele igual, quema igual y destruye igual pero, visto lo visto, debe de ser que la gravedad de una chispa también depende del código postal desde el que se retransmita. Eso parece.