Hay preguntas que no necesitan respuesta inmediata porque, simplemente, se responden solas con el tiempo. Y una de ellas empieza a rondar con insistencia por Andalucía: ¿cuánto tiempo más piensa María Jesús Montero quedarse aquí? Porque una cosa es decir que se viene a Andalucía para reconstruir el PSOE y otra, muy distinta, observar cómo la dirigente socialista va colocando piezas que vuelven a acercarla, poco a poco, a Madrid.
Montero dejó el Congreso, tomó posesión de su escaño en el Parlamento andaluz, asumió el liderazgo de la oposición. es un decir, y anunció que iba a ejercer una oposición seria y responsable. Hasta ahí, todo perfectamente lógico. Pero después llegó el Senado. Fue elegida senadora por designación autonómica y ahora acaba de incorporarse a la dirección del Grupo Socialista en la Cámara Alta como portavoz adjunta. Es verdad que desde el PSOE explican que ese puesto está vinculado a su condición de vicesecretaria general del partido y que es compatible con sus responsabilidades andaluzas. Faltaría más. Pero en política, como en casi todo, no solo cuentan los cargos: también cuentan los mensajes que transmiten los movimientos.
Y el mensaje que recibe el PSOE andaluz es, cuando menos, curioso. Después del peor resultado de su historia en unas autonómicas, Montero tiene por delante la difícil tarea de reconstruir un partido que necesita recuperar credibilidad, organización y territorio. Los socialistas andaluces necesitan una jefa de la oposición con las botas puestas en Andalucía, no una dirigente con un pie en Sevilla y otro en Madrid.
Nadie puede reprocharle que mantenga influencia nacional, pero sí cabe preguntarse si su proyecto andaluz tiene vocación de permanencia o es, simplemente, algo provisional. Porque si Montero termina marchándose a Madrid, habrá que preguntarse quién paga la factura política de otra operación fallida. Y si realmente piensa quedarse, tendrá que demostrarlo con algo más que la agenda parlamentaria.
Andalucía ya ha tenido demasiados dirigentes socialistas pensando en el siguiente destino. Ahora toca saber si Montero ha venido para quedarse o si, como sospecha cada vez más gente, solo está esperando que vuelva a sonar el teléfono de Madrid. Es decir, de paso.
