martes, 1 de septiembre de 2026

El reproche que no era un reproche


OPINIÓN || Hay reproches que llegan vestidos de sugerencia, otros de consejo y algunos, los más finos, de “yo no estoy reprochando nada, pero…”. El de Pedro Sánchez al Rey Felipe VI pertenece claramente a esta última categoría.

El presidente preguntó, con esa aparente inocencia de quien simplemente plantea una cuestión al aire, cuántas veces había ido el Rey a Ceuta y Melilla desde su proclamación, lapsus incluido porque cifró en 20 años los que llevaba el monarca en su puesto. Y después añadió que existen “argumentos y razones suficientes” para que visite por fin las dos ciudades.
Naturalmente, nadie estaba reprochando nada. Faltaría más. En política española, un reproche deja de serlo en cuanto alguien pronuncia solemnemente las palabras “no es un reproche”. Es una vieja tradición: primero se lanza la piedra y después se explica que aquello que acaba de impactar contra la ventana era, en realidad, una sugerencia institucional.

Lo curioso es que Sánchez tenga ahora tanta prisa por recordar la agenda territorial del Rey. Sobre todo porque la visita de Felipe VI a Ceuta no depende exactamente de que al presidente le apetezca marcarla en rojo en el calendario. La Corona, como es sabido, tiene una agenda bastante más peculiar que la de un presidente del Gobierno.

Y mientras tanto, Ceuta sigue esperando respuestas bastante más urgentes que una visita. Allí quedan las consecuencias de una crisis migratoria extraordinaria, miles de personas por gestionar y una ciudad que reclama soluciones.

Y si al final el Rey viaja a Ceuta, estupendo. Solo quedará resolver una pequeña duda: ¿fue porque había llegado el momento, porque se daban las condiciones… o porque aquel reproche que no era un reproche terminó funcionando?