domingo, 16 de octubre de 2011

El río de la vida

Las calles en Gibraleón eran hoy un río. Un caudal de vida en el que hombres y mujeres iban y venían. Al observador le gusta asomarse a ese río porque por él pasan quienes han formado parte de su paisaje de niño, joven o adulto. Muchos de ellos solo pasan por este río una vez al año, cuando octubre llega a su ecuador y el llamado recinto de Feria se viste de alegría y camaradería.
Tal vez ese reencuentro, real o imaginario, de quienes siguen aquí y los que se fueron a otros sitios es, más allá de los pinchitos, de los rones con cocacola y de las largas noches de risas y baile, el verdadero alma de la Feria. Al menos para este observador.