Hay días en los que uno siente vergüenza de la sociedad que hemos construido. Porque detrás de la palabra desahucio siempre hay personas, en este caso una mujer, de 87 años. Hay una casa que deja de ser su casa. Después de 70 años de vivir en ella. Hay miedo, incertidumbre, seguramente muchas noches sin dormir y una pregunta que nadie debería tener que hacerse: ¿dónde voy a vivir mañana?
Y mientras tanto, nosotros hablamos de procedimientos, de competencias, de informes, de expedientes y de leyes. Todo muy correcto. Todo muy administrativo. Todo perfectamente ordenado en una carpeta. El problema es que dentro de esa carpeta hay una persona. Y ahí está el fracaso. De todos, empezando por los políticos que nos ha tocado sufrir, y terminando por cualquiera de nosotros mismos.







